doctrina

BASES FUNDAMENTALES DE LA DOCTRINA
Red Ministerial Fundamento para la Familia

Se transcribe a continuación las doctrinas que se registraron ante la Secretaría de Gobernación, Estados Unidos Mexicanos.

1. LA INSPIRACIÓN DE LAS ESCRITURAS: Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, nuestra única regla infalible de fe y conducta, por haber sido inspirada por el Espíritu Santo. 2 Ti. 3:16-17

2. EL DIOS ÚNICO Y VERDADERO: Creemos que hay un solo Dios verdadero, que se ha revelado como el Creador de todas las cosas, y que existe eternamente. En la unidad esencial de Dios hay distinción de personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este misterio de un solo Dios que subsiste eternamente en tres personas es llamado la trinidad. Ex. 3:13-14.

3. EL HOMBRE, SU CAÍDA, REDENCIÓN Y ESPERANZA: Creemos que el hombre fue creado por Dios en estado de inocencia, pero a consecuencia de la desobediencia adquirió una naturaleza pecaminosa y quedó sujeto a la condenación eterna. Su única fuente de redención y esperanza de vida eterna está en el sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario y su resurrección de entre los muertos. Ro. 5:17.

4. HOMBRE BIOLÓGICO Y MUJER BIOLÓGICO. Creemos que Dios ha creado hombre y mujer biológicos. La biología y la Palabra de Dios son claras: solo hay dos géneros/sexos. Solo se puede ser varón o mujer. De acuerdo con la biología, la Biblia muestra que Dios creó dos géneros/sexos definidos y muy distintos. En Génesis 1:27 Dios crea al varón y la hembra a su imagen. Las Escrituras aclaran que el género no es un subproducto de la elección individual, sino una consecuencia del diseño divino porque sexo y género son lo mismo. No hay evidencia bíblica de que Dios haya diseñado su creación para que una persona pueda elegir su propia identidad de género. En cambio, las Escrituras enseñan claramente que Dios ha diseñado a los seres humanos como exclusivamente hombres o mujeres sin la capacidad de cambiar eso. Se fija en el útero. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Génesis 1:27. “Porque tú formaste mis entrañas; tú me formaste en el vientre de mi madre.” Salmo 139:13. Las ceremonias de bodas que realizamos en nuestras iglesias serán solamente entre hombre biológico y mujer biológico.

Todos los reconocimientos y nombramientos de Ministros se realizarán en base a esta declaración.

5. LA SALVACIÓN DEL HOMBRE: Creemos que la salvación se obtiene cuando el hombre se arrepiente de sus pecados y acepta por la fe el perdón de Dios ofrecido a través de Jesucristo. Además, el Espíritu Santo le da seguridad interna de que ha sido hecho hijo de Dios. A partir de este momento el hombre salvo debe vivir una nueva vida, recta y santa. Jn. 3:17

6. LA SANTIFICACIÓN DEL CREYENTE: Creemos que la santificación es un estado de gracia al cual entra el creyente al aceptar a Cristo, e implica separarse de la mundanalidad y consagrarse a Dios, procurando vivir en un estado de pureza moral mediante la ayuda diaria del Espíritu Santo. 1 Co. 6:11

7. EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO: Creemos que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia espiritual diferente a la salvación y posterior al nuevo nacimiento en Cristo. En ese momento recibe varios dones espirituales y dones ministeriales bajo la dirección del Espíritu Santo. Es dado para capacitar al creyente en el cumplimiento de la gran comisión. Hechos 11:16; 1Corintios 12; Efesios 4:11-16.

8. LA SANIDAD DIVINA: Creemos en la sanidad divina, sanidad del alma y sanidad del cuerpo, y ésta se recibe por fe con base en el sacrificio expiatorio de Cristo. Mt. 14:14.

9. LA IGLESIA: Creemos que la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, está compuesta por cada creyente nacido del Espíritu cuyo nombre está escrito en el libro de la vida y su propósito es adorar a Dios, evangelizar al mundo, edificar a los fieles y llevar a cabo la obra social. En un sentido amplio todo creyente es un ministro, llamado para servir, testificar, interceder y contribuir, aunque también han sido provistos un llamamiento específico y un servicio escrituralmente ordenado por Dios para los ministros de la Palabra. Los dones y los Ministerios fueron entregados a los hijos de Dios para este propósito. Creemos que aún siguen presentes, como en la época de la iglesia primitiva, los dones espirituales y los cinco ministerios; Apóstoles, Profetas, Evangelista, Pastores, y Maestros según Efesios. 2:20-21; 4:11-16

10. LA MAYORDOMÍA FINANCIERA: Creemos que la mayordomía financiera es deber y privilegio de todos los cristianos, que como fieles mayordomos de Cristo contribuyen al sostenimiento y extensión de la obra con sus ofrendas, primicias y diezmos. 1 Cr. 29:14.

11. EL ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA: Creemos que el arrebatamiento de la Iglesia ocurrirá cuando Jesucristo regrese por los suyos, en este momento los que hayan muerto siendo salvos serán resucitados primero y trasladados junto con aquellos creyentes que se encuentren vivos, para estar con el Señor por la eternidad. Este acontecimiento puede ocurrir en cualquier momento y será antes de la gran tribulación. 1 Filipenses. 4:16-17.

12. LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO Y EL REINO MILENIAL: Creemos que la segunda venida de Cristo en gloria será cuando el Señor regrese con sus santos a la tierra para establecer su reinado físico y visible por mil años. Este reino milenial traerá paz universal y el cumplimiento de las promesas hechas a Israel en el Antiguo Testamento. Mt. 24:30.

13. EL JUICIO FINAL DE LOS INCRÉDULOS: Creemos que el juicio final será para todos los impíos que rehusaron aceptar a Jesucristo. Ellos, junto con Satanás y los ángeles caídos, serán arrojados al lago de fuego donde estarán por la eternidad. Ap. 20:12.

14. LOS CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA: Creemos que habrá cielos nuevos y tierra nueva, donde morará la justicia. Allí vivirán todos los santos por la eternidad. 2 P. 3:13.

15. EL BAUTISMO EN AGUA: Creemos en el bautismo en agua por inmersión, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es un sacramento para la Iglesia, un testimonio público de la fe del creyente que ha aceptado a Jesús como su Salvador. Mt. 28:19.

16. LA SANTA CENA DEL SEÑOR: Creemos que la santa cena es también un sacramento para la Iglesia, del que participan los miembros de la congregación que ya fueron bautizados en agua, como un símbolo de nuestra unión con Cristo, un recordatorio de su sufrimiento y muerte y un anuncio de su inminente retorno. Lc. 22:19- 20.

17. LA DESAPROBACIÓN DE DOCTRINAS ERRÓNEAS: Creemos que la desaprobación de doctrinas erróneas es necesaria para evitar confusiones y herejías, preservando la sana doctrina y la unidad del cuerpo de Cristo. 1 Ti. 4:16.

ACLARACIONES

Para quienes desean aclaraciones o mayores detalles de cada una de nuestras 17 doctrinas por favor escriba al Dr. Héctor Salinas.
hectorsali@yahoo.es

Donativos

Cuando las familias son fuertes, pueden atravesar las tormentas de la vida y proporcionar un hogar seguro y afectuoso a sus hijos. También pueden tener un impacto positivo en sus comunidades.

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Las oficinas y congregaciones de este ministerio desarrollan muchos programas para ayudar a la comunidad y además reciben muchos casos de matrimonios el borde del divorcio, y familias vulnerables, por las cuales trabajamos a diario.

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HECTOR SALINAS AYALA - hectorsali@yahoo.es

¿Continuismo o cesacionismo?

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. El continuismo del movimiento pentecostal es bíblico y millones de cristianos sostienen este aspecto de la teología bíblica.

Nadie puede encerrar o atar al Espíritu Santo. Nadie puede impedirle hacer Su voluntad o detener Su obra, pues es Él quien continúa «repartiendo a cada uno sus dones como él quiere.» (1 Corintios 12:11, BLP).

Sin embargo, esto es lo que muchos teólogos de línea reformada o calvinistas, quienes se identifican a sí mismos como cesacionistas (es decir, que niegan la continuidad de los dones espirituales y su vigencia para nuestra época) pretenden hacer. Ellos afirman que, al sostener dicha postura, buscan proteger las doctrinas de la suficiencia y la finalización de la Escritura. Sin embargo, esta es una excusa. Hay motivos siniestros detrás de esta doctrina, como su incredulidad y el temor de que esta incredulidad sea expuesta si se aventuran. Lejos de admitir su error teológico, los cesacionistas prefieren crucificar a Cristo con sus plumas, sólo para callarle, antes que admitir que luchan con la incredulidad. La incredulidad persistente de muchos calvinistas y otros sectores del protestantismo no les permite ver que la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu no compromete la suficiencia y la finalización de la Escritura. Pero en su intento por desprestigiar al pentecostalismo, los cesacionistas afrentan a Dios y niegan la veracidad de la Biblia, libro que pretenden defender. Si de verdad creyeran en la Biblia, lo cesacionistas tendrían que admitir la continuidad de los dones del Espíritu para nuestra época al igual que los pentecostales.

LA BIBLIA ENSEÑA EL CONTINUISMO

Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado.

El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración?

También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento.

Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

ARGUMENTOS VIEJOS Y GASTADOS

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

LOS DONES SIGUEN VIGENTES

Señores cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo, viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? ¡Hipócritas! Pretenden que lo tienen redefiniéndolo.

Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. El continuismo del movimiento pentecostal es bíblico y no pretendemos disculparnos por ello. Señores cesacionistas ¡Ya basta de tanta hipocresía y espíritu fariseo y anticristiano hacia sus hermanos en la fe! ¡A paz nos ha llamado el Señor!

Fundamentos de Interpretación Bíblica

Una de las prioridad del pastor debe ser conocer la Biblia.

El pastor es una persona que con un don específico del Espíritu Santo es instrumento para edificación del pueblo de Dios mediante el acompañamiento pastoral y la instrucción de su Palabra. La enseñanza bíblica uno de sus objetivos fundamentales.

El gran predicador -Charles Spurgeon- llamado el Príncipe de los predicadores dijo una vez; “No tendremos grandes predicadores si no tenemos grandes teólogos. No surgen grandes predicadores de mediocres estudiantes. El predicador que haya de conmover a las almas de manera auténtica no será el que es superficial en sus estudios”.

Así que en este mes estudiaremos los Fundamentos de la Interpretación bíblica.
El estudio consiste en video-clases y Guía de Estudio. El procedimiento es el siguiente:
1. Revisar la video-clase una o dos veces.
2. Descargar a tu computadora la Guía de Estudio.
3. Completar la Guía de estudio, y guardar los cambios con tu nombre.
4. Enviar la Guía de estudio con tu nombre a:  teologosupf@gmail.com

Lección 1: Introducción a la Hermenéutica Bíblica
Esta lección introduce el marco fundamental para una sólida y académica interpretación bíblica.

Video-clase de la lección

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Lección 2: Preparación Para la Interpretación
Esta lección se enfoca en como prepararnos antes de leer e interpretar las Escrituras.

Lección 3: Investigación de las Escrituras
Esta lección se enfoca en estudiar importantes conceptos que nos ayudan a explorar y descubrir el significado de las Escrituras.

Lección 4: Los Enfoques del Significado
Esta lección examina algunas de los principales aspectos que los interpretes utilizan para identificar y describir el significado de las Escrituras.

Lección 5: La Complejidad del Significado
Esta lección explora las formas por medio de las cuales los cristianos hemos atribuido diferentes tipos y números de significados a los pasajes bíblicos a lo largo de las diferentes épocas.

Lección 6: Descubriendo el Significado
Esta lección se enfoca en las estrategias hermenéuticas que ayudan a revelar el significado original de las Escrituras.

Lección 7: Aplicando las Escrituras
Esta lección sugiere diferentes enfoques para la aplicación que hacen que el significado de las Escrituras sea relevante para la audiencia moderna.

Lección 8: Las Épocas del Antiguo Testamento y la Aplicación Moderna
Esta lección estudia las diferentes formas en que la fe del Antiguo Testamento se desarrolló a través de las grandes épocas de la historia, y explica como éste desarrollo impactó nuestra propia aplicación de las Escrituras.

Lección 9: El Nuevo Pacto y la Aplicación Moderna
Esta lección estudia como el nuevo pacto en Cristo debería guiar la forma en la que aplicamos las Escrituras en nuestros días.

Lección 10: La Cultura Bíblica y la Aplicación Moderna
Esta lección observa como las dimensiones culturales de las Escrituras afectan nuestra aplicación de la Biblia en el mundo moderno.

Lección 11: La Aplicación Moderna Individual
Esta lección estudia como debemos aplicar las Escrituras a los demás y a nosotros mismos como personas individuales.

El estudio consiste en video-clases y Guía de Estudio. El procedimiento es el siguiente:
1. Revisar la video-clase una o dos veces.
2. Descargar a tu computadora la Guía de Estudio.
3. Completar la Guía de estudio, y guardar los cambios con tu nombre.
4. Cuando la Guía de Estudio esté completa, Envíe con su nombre a:  teologosupf@gmail.com

Nota: Recomiendo estudiar Una Lección por día. NO es recomendable hacer todas las lecciones en un día, porque el propósito es aprender y no solo completar lecciones.

 

La práctica de la consejería es mucho más antigua que la de la psicoterapia (los sabios consejeros en Israel y, antes que ellos, en Egipto, Babilonia, China, India, etc. ejercieron su labor hace miles de años); por lo tanto, el consejo pastoral no es una mera rama de la psicoterapia contemporánea sino un ministerio especial de cuidado pastoral. El enfoque principal de atención del consejo pastoral es la sabiduría entendida como inteligencia espiritual y moral (saber cómo vivir a la luz de la voluntad de Dios).

Los objetivos de este módulo son los siguientes:

1. Identificar las características principales del acompañamiento como «consejería» y «pastoral».
2. Apreciar las competencias necesarias para la práctica del consejo pastoral.
3. Desarrollar destrezas de consejería como forma especial de acompañamiento pastoral.

 

cilic para ir al módulo 3

La Iglesia como Comunidad de Salud y Cuidado

LA IGLESIA COMO COMUNIDAD DE SALUD Y CUIDADO Una visión de reino desde Fundamento para la Familia

…siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros unos de los otros. (Romanos 12:5). De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (I Corintios 12:26-27)

Nuestro enfoque:

La visión cristiana que nos inspira, afirma que Jesucristo es el centro de nuestra fe, la comunidad es el centro de nuestra vida, y la reconciliación es el centro de nuestro ministerio. Por lo tanto, este material de estudio comienza con; La iglesia entendida como ecología o sistema de cuidado, salud y plenitud humana a la luz de Jesucristo y el reino de Dios; y la reconciliación con Dios, con otras personas, y consigo mismo resulta ser la meta principal del acompañamiento pastoral. En la red ministerial Fundamento para la Familia creemos que la iglesia es una comunidad de salud y cuidado.
*Tiempo de estudio superficial: 2 horas
**Tiempo de profundización: 6 horas

La iglesia como comunidad de salud

Las epístolas de Pablo proveen material necesario para articular lo que podemos llamar el fundamento eclesiológico del ministerio de acompañamiento pastoral. Además de la imagen literal de pueblo de Dios proveniente del Antiguo Testamento, el apóstol introduce los símbolos cuerpo de Cristo y templo (o morada) del Espíritu al referirse a la iglesia. Pablo sugiere así que hay una correlación entre la experiencia cristiana («trinitaria») de Dios—un solo Dios, un solo Señor, un Espíritu (II Corintios 13:13, Efesios 4:1-6)—y la naturaleza y vocación de la iglesia. La iglesia está llamada a ser sacramento del amor divino en el mundo y por el mundo, es decir: a) señal verdadera, b) símbolo fiel, c) instrumento fructífero [1]. La iglesia es entonces el contexto principal para el acompañamiento pastoral porque ella tiene un carácter esencialmente trinitario a la luz de la revelación del Dios Trino y una triple razón de ser en términos de adoración, comunidad y misión, como destacaremos más adelante.

El tema de la iglesia como comunidad de salud [2] es el lugar mejor para comenzar nuestra reflexión en torno al acompañamiento y la psicología pastoral, a partir de nuestros contextos latinoamericanos, caribeños e hispanos en particular. La razón es fundamental y puede expresarse sencillamente. La iglesia está llamada a ser una comunidad intermedia clave, ubicada entre la familia y la sociedad con sus instituciones diversas; en otras palabras, la iglesia ha de llegar a ser el ambiente más central y básico desde el cual se proyecta nuestra vida y nuestro compromiso social como personas que comparten la fe cristiana.

En forma análoga a la de quien preguntó, retóricamente, «¿Señor, a quién iríamos?…tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6:68), se debería poder decir de la iglesia: «¿a dónde iríamos en busca de la mejor visión de salud y plenitud humana, de genuina humanización, de salvación y shalom» (en el sentido bíblico de libertad, justicia, paz, y bienestar multidimensional)? Es que la iglesia tiene la divina encomienda de convertirse en fiel modelo del amor de Dios en el mundo y a favor del mundo. En esto consiste el significado y la pertinencia de la afirmación de que la iglesia, como comunidad intermedia clave, está llamada a ser la comunidad sanadora por excelencia.

Como iglesia de Jesucristo nos encontramos en las primeras décadas del tercer milenio de nuestra era, y en medio de culturas y economías que están lejos de promover la salud y la plenitud humana; al contrario, tienden a ser patogénicas, es decir enfermantes. Diversas situaciones y formas de violencia, aislamiento y soledad, carencias, injusticias, y opresión, por nombrar sólo algunas en general, condicionan el presente y el porvenir de nuestros pueblos a todo nivel, especialmente en la vida familiar y del trabajo. Es por lo tanto a la luz de tal situación histórica como debemos abordar nuestro tema, desde la perspectiva de la teología pastoral [3].
Corresponde establecer, por lo tanto, que entendemos a la teología pastoral como la reflexión crítica y constructiva en torno a la vida y el ministerio de la iglesia en medio de la historia y a la luz del evangelio del reino de Dios.

La premisa y supuesto clave que informa nuestra reflexión teológico- pastoral tal como se presenta en este capítulo puede postularse así: la iglesia ha de ser el contexto de salud y de sanidad por excelencia, y esto en dos sentidos específicos; por un lado, la iglesia será contexto esencial en el sentido de la experiencia concreta en el marco de la vida y el ministerio de comunidades de fe reales e identificables como tales; segundo, la iglesia es también contexto esencial en el sentido de ámbito de reflexión, o sea que reflexionamos en principio desde y para la iglesia, aunque no de manera exclusiva y excluyente. La tesis con la que trabajamos implica, además una convicción teológica: La iglesia es comunidad de salud y comunidad sanadora en la medida que revela fielmente la vida misma del Dios Trino en el mundo.

  1. Es a partir de tales convicciones que nos proponemos alcanzar los objetivos siguientes:
  2. Profundizar la comprensión de la iglesia como ecología de cuidado y plenitud humana.
  3. Apreciar el valor especial de la iglesia como comunidad de salud.
  4. Identificar recursos y programas contextualizados para el ministerio de cuidado y acompañamiento pastoral.

Ejercicio 1

Piense en un episodio reciente cuando su iglesia actuó como «comunidad de cuidado». Describa brevemente la situación (ej. accidente, hospitalización, problema moral, etc.), e indique quiénes participaron, y comente sobre la naturaleza y el valor del acompañamiento brindado. Considere también alguna situación en que la iglesia falló o defraudó como comunidad de salud. Analice las causas y consecuencias de tal fallo.

PROFUNDICEMOS EN EL TEMA

La iglesia está llamada a ser la comunidad alternativa de Dios en el contexto de la situación histórica, o sea, «la ciudad asentada sobre un monte» (Mateo 5:14). Con atrevimiento y, de hecho, a tono con la declaración de la Carta a los Efesios sobre la «plenitud» de Dios y de Cristo (Efesios 3:19; 4:13), podríamos decir que en la expectativa divina la iglesia ha de ser en principio el sueño y el proyecto de Dios en proceso de realización. En su vida y obra la iglesia continúa desarrollando el ministerio liberador, recreador, sanador y reconciliador de Jesús (Juan 20:21). La proclama que Jesús hizo del reino que viene (Marcos 1:15) es también la agenda de la iglesia como señal especial del amor divino y de la nueva realidad de libertad, justicia, paz y esperanza a la que Dios nos invita.

Creemos que existe una correlación fundamental entre nuestra concepción de Dios y nuestra forma de entender a la iglesia. Y siendo que la fe cristiana percibe a Dios como Trinidad, la eterna comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu, se infiere que la iglesia deriva su naturaleza del Dios Trino. Por un lado, confesamos el carácter trinitario de Dios con una variedad de afirmaciones, imágenes y metáforas referidas a la divinidad: Dios es Creador, Rey, Señor, Padre…; Dios es Redentor, Libertador, Siervo, Hijo…; Dios es Santificador, Paracleto, Espíritu Santo… Por otro lado, las imágenes y metáforas bíblicas referidas a la iglesia son también numerosas y variadas. Entre las muchas expresiones se destacan tres como cuadros vívidos del diseño y el anhelo de Dios para la iglesia: el concepto de pueblo del pacto—referencia sólidamente enraizada en la fe de Israel—la metáfora del cuerpo de Cristo y la idea de la hermandad y la morada del Espíritu. Son los tres símbolos que seleccionamos para referirnos al carácter trinitario de la iglesia como expresión viva y testimonio fiel del reino de Dios. Creemos también que la expectativa divina es el desarrollo y la maduración integral de la iglesia en consonancia con su carácter trinitario.

Debemos evitar planteamientos meramente abstractos e idealistas. Proseguiremos, por lo tanto, indicando algunas maneras específicas como la comunidad de fe se comporta como ambiente o ecología donde se realizan y se hacen posible diversas prácticas y experiencias que contribuyen, directa o indirectamente, al cuidado, sostén y apoyo, orientación, reconciliación, y sanidad de personas, familias y grupos, quienes de alguna forma se relacionan con la vida y el ministerio de aquélla. Cuando con tal ángulo de mira consideramos a las comunidades donde participamos, vale reconocer y apreciar determinados rasgos o «marcas», a la manera de indicadores [4] que hemos agrupado bajo los tres nombres de pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, y hermandad o morada del Espíritu, las cuales deben considerarse interrelacionadas.

1. Pueblo del pacto, pueblo de Dios. En tanto pueblo del pacto (1 Pedro 2:9-10), la iglesia procura vivir según el llamamiento a la comunión reverente y leal, conforme a la voluntad divina expresada en los imperativos, promesas y metas propios de la política de Dios. Como pueblo del pacto hemos de crecer en madurez y fidelidad. Esta cualidad y criterio del crecimiento expresa la necesidad de que vivamos a tono con el proyecto y la actividad de Dios en la historia. El reto clave aquí es discernir en qué medida la obra y el crecimiento eclesial corresponde auténticamente a la vocación del pueblo del pacto y hasta qué punto converge con los propósitos y los actos de Dios revelados en la Escritura y discernidos históricamente por la comunidad de fe. En tanto pueblo del pacto y pueblo de Dios, la iglesia vive y ministra como comunidad sanadora porque (o, mejor dicho, en la medida que) refleja rasgos y cualidades como las siguientes:

  • Un sentido de pertenencia y de referencia como pueblo con una trayectoria y un destino afirmados como tales, especialmente en la adoración y la educación.
  • Autenticidad en las expresiones de alabanza y acción de gracias (en palabra, cántico, drama, etc.) junto con el cultivo de la gratitud, el reconocimiento de la gracia divina, y la celebración alegre.
  • Práctica de la oración y de la confesión en particular; experiencias de perdón y de absolución, reconciliación.
  • Experiencia de aceptación divina incondicional, y también de parte de la hermandad («tal como soy…» «…la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano», I Corintios 15:10).
  • Práctica y experiencia de la guía y la corrección del Espíritu de Dios por medio de la proclamación, la enseñanza, y otras formas.
  • Rituales especiales de sanidad (con oración, ungimiento con aceite, exorcismos, intercesiones, etc.).
  • ráctica de dar y recibir testimonios del caminar cotidiano por los senderos de la fe cristiana y el reino de Dios.
  • ¿Otras marcas…?

Es evidente que en este modesto primer cuadro de la iglesia como comunidad sanadora se destaca la realidad central de la adoración de cara a la identidad de aquélla como pueblo de Dios, es decir, pueblo del pacto llamado a crecer en fidelidad y lealtad. Resultará evidente también que este cuadro necesita integrarse con los dos que esbozaremos a continuación.

2. Cuerpo de Cristo. En tanto cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27), la iglesia es un organismo viviente constituido por miembros diversos con funciones y talentos complementarios entre sí. Somos en verdad un cuerpo llamado a crecer en santidad y comunión, a desarrollar y madurar en auténtica espiritualidad. Esta cualidad y criterio de crecimiento expresa la necesidad de vivir en presencia de la dinámica del Espíritu de Dios. El reto clave aquí es discernir en qué medida la obra y el crecimiento de la iglesia responden a la inspiración y guía del Espíritu y en qué medida representa el «fruto del Espíritu». Por ejemplo, ¿se refleja una fe vital expresada por medio del amor, el gozo, la paz, la esperanza… (Gálatas 5:22-25)? En tanto cuerpo de Cristo, la iglesia vive y ministra como comunidad sanadora en la medida que demuestra características como las siguientes:

  • Experiencia multiforme de la koinonia, en el sentido de amor fraternal, comunión, compañerismo, solidaridad y mutualidad.
  • Prácticas de ayuda mutua, cadenas de oración intercesoras, grupos de sostén y apoyo, etc.
  • Práctica de resolución de conflictos, junto con el aprendizaje y cultivo de las destrezas de comunicación y de mediación.
  • Práctica de la disciplina de la reconciliación (incluyendo guía, consejo, amonestación, confrontación, confesión, perdón, reconciliación y restauración).
  • Práctica frecuente de la comunidad eclesial mediante encuentros de oración y estudio bíblico, reflexión y discernimiento para la toma de decisiones específicas (por ejemplo, relativas a situaciones de familia, finanzas, cuestiones relativas a la política y la moralidad y fe, etc.), orientación y asistencia, etc.
  • ¿Otras marcas…?

En este segundo cuadro de la iglesia como comunidad sanadora— también modesto y meramente ilustrativo—la realidad central que se destaca corresponde a la vida comunitaria como tal. Es decir, la iglesia está llamada y potenciada para convertirse en familia de Dios de cara a su identidad como cuerpo de Cristo que necesita crecer en espiritualidad y comunión. Tal crecimiento, y por lo tanto crecimiento también en cuanto comunidad de salud, obviamente requiere su desarrollo armonioso como pueblo del pacto y morada del Espíritu, como señalaremos a continuación.

3. Hermandad y morada del Espíritu. En tanto hermandad y morada o templo del Espíritu (Efesios 2:22) en medio de la sociedad, la iglesia es una compañía de discípula(o)s llamados a expresar en maneras pertinentes y con discernimiento el amor de Dios en el mundo y por el mundo, en hechos, relaciones, presencia y palabra. Metafóricamente hablando, el Espíritu Santo actúa como el sistema nervioso que hace posible el señorío de Jesucristo sobre su cuerpo, la iglesia. Y ésta a su vez actualiza y contextualiza la operación de las manos, los pies, y la boca de Jesucristo en la historia. Somos en verdad esa comunidad llamada a crecer en apostolicidad y unidad, a desarrollarse y madurar en encarnación. Esta cualidad y criterio de crecimiento expresa la necesidad de establecer de continuo la raigambre histórica de la tarea y el testimonio de la iglesia y la validez de sus expresiones particulares de la fe y del evangelio. Por lo tanto, el reto clave en este caso es determinar en qué medida la obra y el crecimiento de la iglesia representa encarnadamente la presencia solidaria de Jesucristo frente al dolor y la perdición de los seres humanos y la creación toda. En tanto morada del Espíritu, la iglesia vive y ministra como comunidad de salud o comunidad sanadora no solamente en relación a sus miembros sino también mediante su presencia y acción en medio de la sociedad y la cultura. La fidelidad y pertinencia de su vocación en este sentido se verifica en la medida que refleja consistentemente rasgos como los siguientes:

  • Discernimiento y vivencia de los propósitos y la actividad de Dios en el mundo (creación, cuidado y sostén; liberación, redención, reconciliación y sanidad; renovación y potenciación, conducción a toda verdad).
  • Experiencia y práctica de la compasión solidaria, y de la ética y la política de la compasión como forma privilegiada del amor de Dios.
  • Participación, concreta y práctica en los propósitos y actividades del Espíritu de Dios, entendida como la misión divina, en presencia, palabra, y acción que comunican el evangelio—buenas noticias (y buena realidad)—del reino y la salvación (salud integral) que Dios ofrece y hace posible.
  • Involucramiento a favor de la libertad, la justicia, la paz (incluyendo la palabra profética, el servicio, la acción social, abogar por quienes no tienen voz, etc.) según el horizonte que abre la esperanza.
  • ¿Otras marcas…?

En este tercer y último cuadro parcial de la iglesia como comunidad sanadora, se destaca por cierto la dimensión de vocación y misión. Es decir que la comunidad de fe, en tanto hermandad y morada del Espíritu, está llamada a crecer en encarnación como representante de Jesucristo, cuya función integralmente terapéutica, diríamos, concretiza el amor al prójimo en contextos y situaciones particulares. Cabe reiterar que tal crecimiento supone e implica el desarrollo armonioso de las otras dos dimensiones también.

Por último, podríamos decir que estas referencias a la naturaleza trinitaria de la iglesia también pueden expresarse con las conocidas palabras de Miqueas 6:8 sobre lo que Yahvé ha declarado como bueno y lo que reclama de los fieles: «solamente hacer justicia [encarnación], amar misericordia [espiritualidad], y humillarte delante de tu Dios [fidelidad]».

EN FORMA PRÁCTICA

Una forma práctica y eclesiológicamente adecuada de identificar cómo la comunidad de fe puede servir como el contexto mejor para el acompañamiento pastoral dentro y fuera de la iglesia, es reflexionar sobre lo que hemos llamado su triple razón de ser.

La triple razón de ser de la iglesia

La referencia al carácter trinitario de la iglesia podría parecer un tanto arbitraria (después de todo, ¿por qué no utilizar otras imágenes bíblicas y desarrollar modelos alternativos sobre la iglesia?). Sin embargo, encontramos que en su praxis cotidiana la comunidad de fe no puede sino representar concretamente aquellos símbolos bíblicos y ejercer su ministerio en el nombre de Jesucristo en el marco de ciertas áreas o dimensiones esenciales en que la vida de la iglesia se desarrolla. Tales dimensiones esenciales — necesarias e indispensables porque definen su «eclesialidad», o sea el ser iglesia y no otra cosa— son la adoración, la comunidad y la misión. Se trata de facetas o componentes íntimamente relacionados entre sí, y constituyen juntos lo que podemos llamar la triple razón de ser de la iglesia. A riesgo de simplificar demasiado, diríamos que en la adoración, el foco de atención está en nuestra relación con Dios; en la experiencia de comunidad, el foco reside en las relaciones mutuas como hermanas y hermanos en la fe; y en la misión, lo que se enfoca es el mundo a nuestro derredor y nuestra vida y nuestras prácticas en y a favor del mundo. Podemos añadir que esta manera de conceptualizar la triple razón de ser de la iglesia se correlaciona con nuestra comprensión del «gran mandamiento» y su triple referencia al amor a Dios y al prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:28-34). En otras palabras, adoración, comunidad y misión son las áreas en que ocurren la vida y el ministerio de la iglesia como manifestaciones concretas del amor en sus tres dimensiones.

Obviamente, esas tres áreas o facetas de la iglesia no pueden separarse nítidamente. Así como afirmábamos más arriba que la iglesia es pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y hermandad y morada del Espíritu, correlativamente afirmamos también que la iglesia vive para adorar, para ser (y hacer) comunidad y para hacer (y ser) misión. De hecho, su vida y su crecimiento saludable—y, por lo tanto, multidimensional—se debe manifestar necesariamente en todas y cada una de las tres facetas que hacen a su triple razón de ser. La iglesia necesita crecer, aprender, renovarse y transformarse en las tres dimensiones interrelacionadas.

Adoración. Primero, la iglesia existe para adorar, es decir para reconocer y celebrar el reinado de Dios. En su vida de adoración (que es mucho más que el culto dominical, por cierto) la iglesia entra deliberadamente en la presencia de Dios y se abre a la fuente de su existencia. La adoración ocurre por medio de prácticas tales como la oración, la meditación, la lectura y el estudio de la Escritura, la proclamación, la música y el canto, la confesión y el ejercicio de otras disciplinas espirituales. Ahora bien, el foco de la relación con Dios y el amor a Dios en realidad también implica que nos vamos formando y transformando como discípulas y discípulos en medio de la adoración. Nos vamos constituyendo en la comunidad fiel del pacto al reapropiar la historia de la acción creativa y salvífica de Dios, al experimentar el poder y la gracia divinos en el presente y al renovar y consolidar su esperanza en el reino que viene. En fin, la adoración en sus diversas formas y contextos afirma y celebra el hecho que somos pueblo del pacto, pueblo comprometido a participar fielmente en la ética y la política del reino. Así concebida, la adoración, además, sostiene e inspira la vida en comunidad y la misión de la iglesia y, al mismo tiempo, se nutre de ellas.

Comunidad. Segundo, la iglesia existe para ser comunidad, es decir para corporizar histórica y socialmente el reinado de Dios en su propio seno. En este sentido, ser comunidad equivale a ser familia de Dios y cuerpo de Cristo. Es en tal sentido como cultivamos relaciones entre personas y grupos, participamos en la ayuda y apoyo mutuos así como en la admonición fraternal, la confesión, el perdón y la restauración y reconciliación, el discernimiento de dones y todo lo que concierne al cuidado y al discipulado mutuo. Los contextos de relaciones pueden ser más o menos espontáneos o formales, incluyendo desde luego a familias, individuos y parejas y otros grupos, cualquiera sea su situación y de la forma más inclusiva. La oportunidad y el reto son nada menos que el desarrollo del carácter de Cristo en versiones únicas —individuales y colectivas, personales y congregacionales— de auténtica espiritualidad. La vida de la comunidad de fe, así entendida y realizada, estimula y sostiene a la adoración y a la misión de la iglesia y, al mismo tiempo, se nutre de ellas.

Misión. Tercero, la iglesia existe para ser y hacer misión, es decir para participar en las manifestaciones del reinado de Dios en medio de la historia, mediante presencia, palabra y acción. En su vida de misión, la iglesia se involucra en la actividad liberadora y recreadora de Dios en el mundo. Lo hace con el testimonio de su propia realidad social y cultural, su comunicación y proclamación verbal y su actividad concreta. Se compromete en solidaridad con el mundo que su Señor ama, y participa en la sociedad como representante de Jesucristo en la palabra evangelística, la denuncia y el anuncio proféticos, y el servicio a favor de la libertad, la paz, la justicia y la esperanza. La iglesia se esfuerza en discernir los espíritus y los tiempos y el movimiento del Espíritu en la historia. Como hermandad y morada (o templo) del Espíritu, la iglesia necesita responder al imperativo de la encarnación. La integridad de la vida de misión —y el carácter integral mismo de su misión— orienta y motiva a la iglesia hacia la adoración y la comunidad. A su vez, la adoración y la comunidad, fielmente vividas, son indispensables para la misión.

En síntesis, podemos reiterar que la triple razón de ser de la iglesia consiste en: a) reconocer y celebrar el reinado de Dios (clave de la adoración); b) corporizar histórica y socialmente tal reinado como familia de Dios (clave de la comunidad); y c) representar, anunciar, y participar en la realidad del reino en medio de la historia (clave de la misión).

En toda congregación siempre hay momentos cuando algunas de las áreas reciben atención especial o prioritaria, por ejemplo en el caso de los esfuerzos evangelizadores de denuncia y anuncio profético, o los intentos deliberados de revitalizar la adoración en la iglesia y en el hogar, o los procesos de mediación y de resolución de conflictos en el seno de la comunidad de fe. De todas formas, lo ideal es que la iglesia mantenga un saludable «equilibrio ecológico» entre los tres componentes esenciales de su vida y ministerio. Cuando eso ocurre, ella crece y madura simultáneamente para la gloria de Dios, para su propia edificación y madurez y para su testimonio y servicio solidario en el mundo.

La figura en la sección siguiente representa un «modelo ecológico» de la iglesia, según lo que hemos llamado su triple razón de ser. Nótese que destacamos la interacción y la influencia recíproca entre las tres áreas (por eso las flechas van en todas direcciones) y una distinción sin separación completa entre las mismas (por eso utilizamos líneas entrecortadas). En el centro de la figura hemos ubicado a los diversos ministerios más o menos especializados, tales como la enseñanza, el cuidado y el consejo pastoral, la predicación, la administración y otros. De tal forma indicamos que los ministerios no son fines en sí mismos, sino que están precisamente al servicio de la triple razón de ser de la iglesia (por eso utilizamos letras minúsculas en este caso). Además notamos una relación de reciprocidad entre la adoración, la comunidad y la misión de la iglesia por un lado, y los ministerios propiamente dichos por el otro.

Los ministerios no pueden tener metas separadas del propósito esencial de la iglesia, que es ser una muestra y un anticipo del reino de Dios y una invitación continua a vivir según la ética y la política del reino. Los ministerios especiales existen con el fin último de habilitarnos para la adoración, equiparnos para la vida comunitaria y capacitarnos para la misión. Recíprocamente, cada una de las tres dimensiones o áreas principales de la vida de la iglesia ha de contribuir a fundamentar y estimular los ministerios y, por lo tanto, la labor y el proceso de cuidar y discipular. En otras palabras, los ministerios —y de forma muy especial el del cuidado y acompañamiento— consisten en las tareas multifacéticas de promover y facilitar el emerger humano según la norma de Jesucristo. Tal proceso de «emerger humano» o de humanización incluye crecimiento y maduración, formación y transformación.

Ejercicio 2

Responda brevemente a la reflexión eclesiológica presentada en las páginas anteriores. ¿Con qué aspectos de la misma está de acuerdo, o en desacuerdo? ¿Cómo entiende usted a la iglesia como comunidad de salud y sanidad?

Ejercicio 3

Entreviste a cinco(a) Servidores(as) -líder- sobre; (a) cómo entiende su ministerio de acompañamiento pastoral, y (b) a cinco miembros de su congregación como ver ellos tu iglesia ¿lo ven como una comunidad de cuidado y salud.? , o lo ven solo como un lugar de reunión -cultos-.

APLICACIÓN

Ejercicio 4

Complete el cuadro de la página siguiente—«La iglesia como ecología de cuidado»—en consulta con otros líderes congregacionales. Note(n) que se han incluido algunos ejemplos de actividades y programas posibles en cada una de las cuatro áreas dentro y fuera de la comunidad de fe. Identifique(n) tanto lo que la iglesia ya ofrece como también lo que podría ofrecer dentro de su contexto congregacional y social.

LA IGLESIA COMO ECOLOGÍA DE CUIDADO Y PLENITUD HUMANA

Locus

Nutrir – Discernir – Guiar – Reconciliar – Sanar
(Formación – – – Transformación)
Crecimiento – Prevención – Apoyo – Reconciliación – Plenitud

Modos de Pastoral Objetivos

Dentro de la Comunidad de Fe

(1)

  • Educación sexual
  • Orientación prematrimonial, Familiar
  • Educación para la paz y la justicia (conflicto y mediación)
  •  
  •  

(2)

  • Cuidado pastoral de, con y desde la niñez en tiempos de crisis y violencia
  • Consejo pastoral en situaciones de separación y divorcio
  • Asistencia y consolación en casos de crisis o desastre
  •  

Prácticas, Ambiente y Programas

Más allá/fuera de la Comunidad de Fe

(3)

  • Denuncia y anuncio profético respecto a la situación de la niñez
  • Abogar por quienes no tienen voz
  • Orientación familiar
  • Asistencia legal
  •  

(4)

  • Acción /Colaboración solidaria en tiempo de tragedia (incluyendo colaborar con instituciones o agencias gubernamentales y/o privadas)
  • Asistencia escolar
  •  Asistencia social, cárceles, hospitales, albergues, comedores.
  •  

Lecturas recomendadas

Pat Contreras Ulloa, «Por una psicología pastoral que acompañe y desafíe a las iglesias en Latinoamérica y el Caribe». En Hugo N. Santos, ed., Dimensiones del cuidado y asesoramiento patoral: Aportes desde América Latina y el Caribe. (Buenos Aires: Kairós, 2006), págs. 23-40.

Marianela de la Paz Cot. «El cuidado pastoral y los ritos en la comunidad sanadora». En Daniel S. Schipani, ed. Nuevos caminos en psicología pastoral. Buenos Aires: Kairós, 2011, págs.153-174.

Alberto Daniel Gandini. La iglesia como comunidad sanadora. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989.

Lothar Carlos Hoch. «La función terapéutica de los ritos pastorales». En Hugo N. Santos, ed. Dimensiones del cuidado y asesoramiento pastoral: Aportes desde América Latina y el Caribe. Tomo II. Buenos Aires: Kairós, 2012, págs.249-273.

Jorge A. León. Psicología pastoral de la iglesia. Miami: Editorial Vida, 5ta. Ed. 1990.

Rebeca M. Radillo. Cuidado pastoral contextual e integral. Grand Rapids: Libros Desafío, 2007.

Sergio Ulloa Castellanos. «La iglesia como comunidad de salud integral». En Hugo N. Santos, ed., Dimensiones del cuidado y asesoramiento pastoral: Aportes desde América Latina y el Caribe. Buenos Aires: Kairós, 2006, págs. 143-168.

Sergio Ulloa Castellanos. «Acompañamiento pastoral en el culto». En Daniel S. Schipani, ed. Nuevos caminos en psicología pastoral. Buenos Aires: Kairós, 2011, págs.127-152.


1. Nos conviene recuperar el uso del término «sacramento» en la reflexión teológico-pastoral. Utilizamos aquí la noción de la iglesia como sacramento en un triple sentido. Primero, la iglesia está llamada a ser señal visible y clara que indica o apunta en la dirección de la salud y la salvación, y de las manifestaciones del reinado de Dios en el mundo y en la historia. Segundo, también ha de ser símbolo e imagen (imago Dei) que representa veraz y fielmente dicho reinado, es decir la vida misma a partir de Dios, y aun la vida misma de Dios. Y, en tercer lugar, la iglesia debe llegar a ser agente y medio de gracia, es decir instrumento mediatizador eficaz de la gracia divina en medio de la historia.

2. Preferimos hablar de la iglesia como comunidad de salud y no solamente como «comunidad sanadora» debido a dos razones: (a) la relación directa que puede establecerse bíblico-teológicamente entre salud y salvación como liberación y humanización completa; y (b) la necesidad de no restringir las connotaciones correspondientes al plano de lo meramente terapéutico en el sentido limitado del término sino, más bien, incluir además las dimensiones de formación, crecimiento y maduración, y plenitud de vida, entendidas en perspectiva teológica. En este capítulo, por lo tanto, las referencias a la iglesia como comunidad de salud deben entenderse en el sentido más amplio aquí especificado.

3. El tema de la iglesia como comunidad de salud y sanadora se puede abordar, por cierto, desde diversos puntos de vista potencialmente complementarios. Así, por ejemplo, las perspectivas de las ciencias sociales y de la conducta humana, tales como la antropología, la sociología, y la psicología, nos ofrecen contribuciones valiosas y aun indispensables hoy día. En particular para el caso del acompañamiento pastoral y el cuidado y consejo como ministerios de la iglesia, obviamente debemos afirmar las aportaciones múltiples de la psicología y sus sub- disciplinas, y en especial el rol de la psicoterapia como ciencia humana práctica.

4. Aclaramos que se trata solo de la presentación de algunos ejemplos ilustrativos para ayudarnos a comprender y apreciar mejor el llamamiento de la iglesia como comunidad sanadora, a partir de su historia y experiencias concretas.

En este mes; practica lo aprendido en tu comunidad de salud, enseña a tus discípulos, servidores de casasdepaz, ministerios, y luego ingresa al Módulo 2.

Una de las prioridad del pastor debe ser conocer la Biblia.

El pastor es una persona que con un don específico del Espíritu Santo es instrumento para edificación del pueblo de Dios mediante la instrucción de su Palabra, considerando que la enseñanza del pueblo de Dios es su objetivo fundamental.
El predicador que haya de conmover a las almas de manera auténtica no será el que es superficial en sus estudios” (Charles Spurgeon).

Objetivos del Módulo 2:

  • Introducir los conceptos básicos de la interpretación.
  • Proveer una filosofía de interpretación enfocada en el discernimiento del significado original de las Escrituras.
  • Proveer una filosofía de interpretación que nos guíe a una aplicación práctica y responsable.
 

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Apóstol

El ministerio Apostólico sigue vigente aún en nuestros días.

EL APOSTOL
El primero en la lista de ministerios en Efesios 4:11 es el de apóstol. La palabra en griego para apóstol es apostolos , que se deriva del verbo apostello, que significa «enviar». Entonces un apóstol por definición es alguien que es enviado. El ser envia­ do implica por necesidad que alguien lo envía. Jesús dice en Juan 13:16 «Un enviado (apostolos – el apóstol) no es mayor que el que le envía. Dos personas o grupos de personas están involucradas: El que es enviado, el apóstol; y el que lo envía.

El Nuevo Testamento menciona a veintiocho apóstoles aproximadamente. A algunos cristianos se les hace difícil aceptar que había más de doce apóstoles, pero nuestro estudio enseñará que sí los había.

Jesús fue el primer gran apóstol. Hebreos 3:1 lo llama, » … el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe». Estos son dos de los ministerios de Jesús: primero, Él fue enviado como un apóstol por el Padre; luego regresó al Padre como Sumo Sacerdote para hacer intercesión por nosotros. Jesús confirmó Su apostolado en Juan 10:36 cuando dijo, «¿por qué decís a quien el Padre santificó y envió al mundo: ‘Blasfemas’, porque dije: ‘Yo soy el Hijo de Dios?» El Padre apartó a Jesús para una tarea especial y después lo envió al mundo. La palabra «envió» que se usa aquí es la palabra griega apostello – Él fue enviado como un apóstol.

En Juan 20:21, Jesús confirma nuevamente Su ministerio como apóstol cuando le dice a sus discípulos, » … como el Padre me ha enviado a mí (la palabra es apostello), así también yo os envío a vosotros. «
Leemos en Mateo 10, la manera en que los doce discípulos se convirtieron en apóstoles cuando fueron enviados por Jesús:
(1) «Entonces Jesús, llamando a sus discípulos les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para sanar toda clase de enfermedad y toda clase de mal.
(2) «Y los nombres de los doce apóstoles son estos: … (Note la frase clave en el verso 5).
(5) «A estos doce Jesús los envió … «

La transición de discípulos a apóstoles vino cuando fueron enviados. Como sabemos, Judas fue infiel y cayó por transgresión. En el período entre la resurrección y Pentecostés, Matías fue escogido por suertes para tomar el lugar de Judas. Algunos han discutido la validez de este nombramiento, pero el Espíritu Santo da testimonio a través de las Escrituras que fue válido. Hechos 2:14 dice que en el día de Pentecostés Pedro se puso en pie con los once; si el nombramiento no hubiera sido válido la Escritura hubiera dicho diez. De manera, que antes de Pentecostés tenemos catorce apóstoles que se mencionan: Jesús, los primero doce y Matías.

Todos los otros apóstoles del Nuevo Testamento fueron nombrados después que Jesús ascendió a los cielos y mandó al Espíritu Santo para que tomara su lugar en la tierra. Efesios 4:8, 11 dice «Cuando (Cristo) ascendió a lo alto … dio dones a los hombres… El dio a algunos como apóstoles … » Notemos varios casos de nombramientos de apóstoles después de Pentecostés y veamos como se hicieron.

EL LLAMAMIENTO DEL ESPIRITU
Nuestro primer ejemplo se encuentra en Hechos 13: 1-4
(1) «En la iglesia (la asamblea) que estaba en Antioquía (una iglesia local en la ciudad de Antioquia) había profetas y maestros ….. (Hay cinco hombres en la lista de profetas y maestros).
(2) «Y mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo …
(3) «Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, les enviaron.
(4) «Así que, siendo enviados por el Espíritu Santo, descendieron …» Note que el verso 3 dice que estos dos hombres fueron enviados por la iglesia en Antioquia: pero también leemos en el verso 4 «siendo enviados por el Espíritu Santo.» ¿Quién fue en realidad el que los envió? ¡El Espíritu Santo!   
Pero Él operó por medio de agentes humanos para llevar a cabo sus nombramientos divinos. Antes que el nombramiento viniera, estos dos hombres eran llamados profetas y maestros, pero después que fueron enviados se les llamó apóstoles.

En Hechos 14:4, hablando de Pablo y Bernabé se dice, «Pero la multitud de la ciudad estaba dividida; y unos estaban con los judíos y otros con los apóstoles.» El verso 14 del mismo capítulo es más claro todavía: «Pero cuando los apóstoles, Bernabé y Pablo, lo supieron, rasgaron sus túnicas … » Así que tenemos autenticado por las Escrituras, el apostolado de ambos Pablo y Bernabé.

Este patrón es consistente en el Nuevo Testamento. Se convierten en apóstoles los que son enviados por una iglesia local bajo el nombramiento del Espíritu Santo.

Muchos lectores del Nuevo Testamento no se dan cuenta del número de hombres que son mencionados como apóstoles porque no siempre se traduce de esa manera la palabra griega para «apóstol». Algunas veces la palabra apóstolos, es traducida como «mensajero» cuando en realidad es «apóstol».
Uno de estos casos es 2ª Corintios 8:23. Pablo está hablando de aquellos que viajaban y ministraban con él, «En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador entre vosotros; en cuanto a nuestros hermanos (está hablando en plural de ciertos obreros cristianos a los que no menciona por nombre), son mensajeros (apostoloi – apóstoles en griego) de las iglesias … » Aquí, Tito y al menos dos hermanos no nombrados son reconocidos como apóstoles.
En Filipenses 2:25 Pablo usa un lenguaje similar para referirse a un hombre llamado Epafrodito: «Pero creí necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de milicia, quien también es vuestro mensajero (apostolos – apóstol en griego).» Epafrodito era un apóstol enviado por la iglesia en Filipos.

Este mismo patrón es seguido a través de todo el Nuevo Testamento. Después de Pentecostés, envía apóstoles de las iglesias locales. Jesucristo, por medio del Espíritu Santo, usando agentes humanos.

PATRON PARA LOS APOSTOLES
Cuando los apóstoles completaban la tarea para la cual habían sido enviados, se esperaba de ellos que dieran un reporte a la iglesia que los había enviado. En Hechos 13:1-4 Pablo y Bernabé son enviados. En los capítulos 13 y 14 se nos cuenta de la misión que cumplieron. En el capítulo 14:26-27 leemos que habían cumplido su misión.
(26) «Y desde allí navegaron a Antioquia, de donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido. (Había una obra especifica para la que habían sido llamados).
(27) «Y cuando llegaron y reunieron a la iglesia, comenzaron a informar todas las cosas que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto una puerta de fe para los gentiles.»

Regresaron a casa y reportaron lo que habían hecho para llevar a cabo la tarea que la iglesia de Antioquía los había enviado a hacer.

Hay tres puntos importantes que caracterizan a los apóstoles nombrados después de Pentecostés:
Primero, son el producto del mover del Espíritu Santo dentro de una iglesia local.
Segundo, son enviados por esa iglesia local para cumplir una tarea específica; y cuando su tarea es terminada, se espera que informen a la iglesia que les envío.
Tercero, los apóstoles no son autócratas o dictadores espirituales. No están en libertad de andar por donde les plazca, haciendo nombramientos en forma arbitraria o dando órdenes caprichosas a todos y en todo tiempo. Ellos responden por su conducta y ministerio a la iglesia que los envió. Si ellos dejan de cumplir con las condiciones bíblicas, esa iglesia está en el derecho de retirar su endoso de ellos como sus apóstoles.

Hemos visto la manera en que un apóstol es nombrado, pero ¿qué es lo que hace? Pablo dice cuál es la tarea de un apóstol muy claramente en 1ª Corintios 3: 10. Tenga en mente que la iglesia de Corinto era el producto del ministerio de Pablo. El fue la primera persona en traer el evangelio a esa ciudad. El vió a esta gente salvarse y ser bautizada en agua y en el Espíritu Santo. El nombró sus líderes locales y los llevó al ejercicio de los dones espirituales. Cuando los dejó, ellos eran una congregación completa y autónoma. Hablando de esta tarea que había cumplido en Corinto, Pablo dice, «Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo como sabio arquitecto establecí un fundamento … «

El apóstol es el arquitecto constructor y el edificio

  1. es la iglesia
  2. local.

El apóstol conoce cada fase del proceso de construcción, desde el fundamento hasta el techo. El puede empezar en un lugar donde no hay iglesia y dirigir todo el proceso de su construcción desde el principio hasta el fin. 0, si llega a un lugar donde la edificación ya está en progreso, él puede dar cualquier instrucción o corrección que se necesite en cualquiera de sus fases.
1- 2 Se entiende el edificio l) espiritual y la iglesia(2) como la Asamblea de los llamados. (N. del T.)

¿COMO RECONOCER A LOS APOSTOLES?

En este punto es lógico preguntar: ¿Cómo podemos reconocer a los apóstoles si es que los vemos? La Escritura nos ha dado pautas claras para la identificación de los verdaderos apóstoles.
Primero, los apóstoles tienen un sello. Todos estamos familiarizados con el concepto de los sellos. Por ejemplo, en ciertos productos en los almacenes podemos ver el Sello de Aprobación para protección del consumidor. Ese sello es la autentica­ ción externa de la calidad del producto que puede ser visto por cualquiera. Pablo dice a la iglesia en Corinto, » … vosotros sois el sello de mi apostolado en el Señor» (1ª Corintios 9:2). Pablo puso el fundamento de la Iglesia en Corinto y la dejó con su techo. El sello de un apóstol es una iglesia local completa y funcionando. La Iglesia de Corinto era la evidencia externa del ministerio apostólico de Pablo si alguien alguna vez quisiera disputárselo.

Hay también ciertas Señales que acompañan a un ministro apostólico. Una vez más vamos a la Iglesia de Corinto: «Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol, con toda perseverancia, por medio de señales y maravillas, y milagros» (2ª Corintios 12: 12). Todo apóstol verdadero tendrá estas señales.

La primera señal concierne al carácter. Es paciencia o perseverancia. Cuando todo el mundo se da por vencido y se aleja, el apóstol se mantiene firme. Pablo prosiguió cuando estaba solo, en prisión o desamparado. La segunda señal es lo milagroso: señales, maravillas y milagros. Estos acompañaban a Pablo donde quiera que iba. Ambas señales son necesarias: carácter y milagros.

EQUIPOS
En el Nuevo Testamento encontramos que los apóstoles operaban normalmente en equipos. Más adelante vamos a ver que esto se aplica también a los profetas y a los pastores. ¿Por qué es que estos tres ministerios operan regularmente en equipos en vez de individualmente? Yo creo que la razón es que estos tres ministerios afectan el orden y la estructura de la iglesia y la tarea es demasiado importante para que Dios la entregue en las manos de un individuo que actúe por sí mismo. Por lo tanto, estos tres ministerios normalmente operan en pluralidad.

En Hechos 8 leemos que Felipe descendió a Samaria y predicó el evangelio. Felipe era un evangelista (vea Hechos 21 :8). El fue solo y trastornó la ciudad. Pero oigan lo que pasó después en Hechos 8:14, «Entonces, cuando los apóstoles en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan … » Un evangelista y dos apóstoles. Los apóstoles iban en equipos.
Ya hemos visto en Hechos 13, que Pablo y Bernabé fueron enviados juntos de la iglesia en Antioquía. Ellos no fueron enviados como individuos, sino como un equipo.
En hechos 15 encontramos que dos equipos apostólicos fueron formados. Bernabé tomó a Juan Marcos y se fueron en una dirección. Pablo no quiso a Juan Marcos, así es que escogió a Silas y se fueron en otra dirección. Ni Pablo ni Bernabé se fueron solos. Cada uno tenía un colaborador con él.

Más tarde, Timoteo se unió al equipo de Pablo y Silas en Listra (Hechos 16). Este equipo apostólico se menciona de nuevo en 1 Tesalonicenses 1: 1. Dice así: «Pablo, Silvano (Silas) y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses … » Esta epístola fue escrita conjuntamente por estos tres hombres. No fue solamente Pablo, sino Pablo, Silas y Timoteo. Más adelante en la misma epístola dice, «Ni buscamos gloria de los hombres, ni de vosotros, ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad» (2:6). Todos estos tres hombres eran reconocidos como apóstoles. Pablo y Silas fueron enviados de Antioquia, Timoteo fue enviado de Listra. Operaban como un equipo.

Otra compañia de apóstoles se menciona en Gálatas 2:1, «Entonces, después de catorce años fui otra vez a Jerusalén, Con Bernabé, llevando también a Tito.» Pablo, Bernabé y Tito – otro equipo. En Jerusalén confrontaron el equipo apostólico de Pedro, Jacobo y Juan sobre el asunto de la circuncisión de los gentiles (2:9). Resolvieron sus diferencias, se dieron la mano de compañerismo y partieron.

Había aqui dos equipos apostólicos diferentes operando dentro de una estructura de compañerismo que cornprendía a todo el Cuerpo. Pablo, Bernabé y Tito eran apóstoles que fueron enviados a los gentiles; Pedro, Jacobo y Juan fueron enviados como apóstoles para los judíos- cada equipo con una tarea especifica para cumplir.
Dentro del rango de los apóstoles exiten varios niveles de apostolado. Pablo dice en 2ª Corintios 11 :5, » … Pues yo no me considero inferior en nada a los más eminentes apóstoles.» Y en 2ª Corintios 12:11, » … en ningún sentido fui inferior a los más eminenetes apóstoles.» Por implicación, si hay apóstoles eminentes, hay también los que no son tan eminentes, pero que son apóstoles genuinos, no obstante. No todos los apóstoles son del mismo calibre que Pablo. No todos los profetas son Isaías o Jeremías, pero con todo eso pueden ser profetas genuinos. Lo mismo es cierto con los apóstoles.

ADVERTENCIA
Sin embargo, no sólo hay apóstoles verdaderos. Hay también apóstoles falsos. Pablo habla de estos en 2ª Corintios 11:13-15:
(13) «Porque tales hombres son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.
(14) «y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz.
(15) «Por tanto, no es de sorprender que sus siervos también se disfracen como siervos de justicia; pero su fin será conforme a sus obras.»

La expresión «que se disfrazan como apóstoles» sugiere la idea de que estos hombres probablemente se nombraron a si mismos. No son enviados por un nombramiento genuino del Espiritu Santo de un cuerpo local reconocido.
El Nuevo Testamento nos advierte que en los últimos días habrá un aumento en el engaño religioso y en los ministerios falsos. En Mateo 24:24 Jesús dice, «Porque se levantarán Cristos falsos y profetas falsos, y mostrarán grandes señales y prodigios, para engañar, de ser posible, aun a los escogidos.» Si habrá «Cristos falsos» y «profetas falsos», podemos esperar que también habrá «apóstoles falsos». Estos hombres podrán ser capaces de obrar milagros de diferentes clases. Por lo tanto, milagros por si solos no autentican necesariamente como genuino a un ministerio. Hemos visto que la señal de lo milagroso debe ser equilibrada por la señal del carácter.

Si las cosas siguen desarrollándose como hasta ahora dentro del cuerpo de Cristo, cada creyente, o grupo de creyentes, va a ser confrontado tarde que temprano por hombres que se dicen ser apóstoles. Es de suma importancia probar por medio de las normas establecidas en las Escrituras lo que estos hombres dicen. ¿Son nombrados y enviados de acuerdo al patrón del Nuevo Testamento? ¿Son ellos responsables a un cuerpo local que sea reconocido? ¿Están desplegando un carácter y modo de vida apóstólico? ¿Está su ministerio acreditado por lo milagroso?
En Apocalipsis 2:2 Jesús elogió a la iglesia de Efeso porque no aceptaron sin someter a prueba a los que se decían ser apóstoles: » … y sometes a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos … «
Como la iglesia en Efeso, todos los creyentes hoy en día –tanto individuos como grupos – necesitan estar alertas al respecto.

*Escrito por Derek Prince, de origen inglés, fue convertido de la filosofía al Cristianismo mientras servía como soldado en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces dedicó su vida al estudio y exposición de la Biblia. https://www.ministeriosderekprince.org

Ministerio

El Ministerio cristiano Fundamento para la Familia es una asociación civil legalmente constituida en los Estados Unidos Mexicanos, además, cuenta con oficinas de trabajo y ministerios asociados en diferentes lugares.
El enfoque de este ministerio es el matrimonio y la familia, trabajamos para la restauración y empoderamiento del núcleo principal del tejido social de la nación.

Nuestro deseo es que usted y su familia nos conozcan y encuentren apoyo. Estamos aquí para ayudarle a mejorar su ministerio, matrimonio, familia, y su vida personal.

Se enfatizan tres sectores de iniciativas estratégicas globales;

  • La Iglesia,
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Nuestra visión y misión son claras debido a que estamos dirigidos por un mandato Divino y un verdadero compromiso con el desarrollo humano, social y nacional. Esto nos obliga a establecer alianzas de empoderamiento con personas de ideas afines, ministerios, organizaciones e instituciones. Con algunos líderes y grupos afines mantenemos relaciones más estrechas a modo de cobertura y paternidad.

A medida que avanzamos como ministerio en el Reino de Dios, es importante que cada miembro del ministerio recuerde siempre fortalecer el centro de su vida (el corazón) por medio de la Palabra de Dios, la relación intima con el Padre celestial y la comunión con los hermanos. Así que al escuchar la palabra de Dios debe provocar en nosotros la responsabilidad individual de tener una proceso claro y un sonido personal de la voz de Dios.

Bajo la cobertura espiritual del Ministerio Fundamento para la Familia se encuentran algunos Pastores, ministerios e iglesias que comparten la visión de trabajar en el fortalecimiento de las familias. Si vive cerca le invitamos a visitarnos le aseguramos que se sentirá como en casa.

Dr. Héctor Salinas Ayala.
Lic. Ada Galarza De La Sobera
Directores Fundamento para la Familia
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Este Ministerio se enfoca en la transformación humana, social y nacional a través de la propagación de los principios morales, éticos, valores, modelos y enfoques del Reino de Dios claramente definidos en la Biblia.

 

Familias

La familia se define como la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida.

Es fácil dedicarse a buscar el éxito que la sociedad actual nos a planteado: fama, poder, y bienestar económico. Paradójicamente, al final de los días, al mirar hacia atrás, será más significativo el calor de la familia y el abrazo de las personas que ama, que los títulos profesionales, el trabajo que ha tenido y el dinero que, en todo caso, no podrá llevarse al partir.

Ser exitoso no es tener una agenda llena de compromisos, al contrario, es dejar un legado de buenos recuerdos en las personas que más a amado.

Ayudamos a las familias a mejorar.