doctrina

BASES FUNDAMENTALES DE LA DOCTRINA
Red Ministerial Fundamento para la Familia

Se transcribe a continuación las doctrinas que se registraron ante la Secretaría de Gobernación, Estados Unidos Mexicanos.

1. LA INSPIRACIÓN DE LAS ESCRITURAS: Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, nuestra única regla infalible de fe y conducta, por haber sido inspirada por el Espíritu Santo. 2 Ti. 3:16-17

2. EL DIOS ÚNICO Y VERDADERO: Creemos que hay un solo Dios verdadero, que se ha revelado como el Creador de todas las cosas, y que existe eternamente. En la unidad esencial de Dios hay distinción de personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este misterio de un solo Dios que subsiste eternamente en tres personas es llamado la trinidad. Ex. 3:13-14.

3. EL HOMBRE, SU CAÍDA, REDENCIÓN Y ESPERANZA: Creemos que el hombre fue creado por Dios en estado de inocencia, pero a consecuencia de la desobediencia adquirió una naturaleza pecaminosa y quedó sujeto a la condenación eterna. Su única fuente de redención y esperanza de vida eterna está en el sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario y su resurrección de entre los muertos. Ro. 5:17.

4. HOMBRE BIOLÓGICO Y MUJER BIOLÓGICO. Creemos que Dios ha creado hombre y mujer biológicos. La biología y la Palabra de Dios son claras: solo hay dos géneros/sexos. Solo se puede ser varón o mujer. De acuerdo con la biología, la Biblia muestra que Dios creó dos géneros/sexos definidos y muy distintos. En Génesis 1:27 Dios crea al varón y la hembra a su imagen. Las Escrituras aclaran que el género no es un subproducto de la elección individual, sino una consecuencia del diseño divino porque sexo y género son lo mismo. No hay evidencia bíblica de que Dios haya diseñado su creación para que una persona pueda elegir su propia identidad de género. En cambio, las Escrituras enseñan claramente que Dios ha diseñado a los seres humanos como exclusivamente hombres o mujeres sin la capacidad de cambiar eso. Se fija en el útero. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Génesis 1:27. “Porque tú formaste mis entrañas; tú me formaste en el vientre de mi madre.” Salmo 139:13. Las ceremonias de bodas que realizamos en nuestras iglesias serán solamente entre hombre biológico y mujer biológico.

Todos los reconocimientos y nombramientos de Ministros se realizarán en base a esta declaración.

5. LA SALVACIÓN DEL HOMBRE: Creemos que la salvación se obtiene cuando el hombre se arrepiente de sus pecados y acepta por la fe el perdón de Dios ofrecido a través de Jesucristo. Además, el Espíritu Santo le da seguridad interna de que ha sido hecho hijo de Dios. A partir de este momento el hombre salvo debe vivir una nueva vida, recta y santa. Jn. 3:17

6. LA SANTIFICACIÓN DEL CREYENTE: Creemos que la santificación es un estado de gracia al cual entra el creyente al aceptar a Cristo, e implica separarse de la mundanalidad y consagrarse a Dios, procurando vivir en un estado de pureza moral mediante la ayuda diaria del Espíritu Santo. 1 Co. 6:11

7. EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO: Creemos que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia espiritual diferente a la salvación y posterior al nuevo nacimiento en Cristo. En ese momento recibe varios dones espirituales y dones ministeriales bajo la dirección del Espíritu Santo. Es dado para capacitar al creyente en el cumplimiento de la gran comisión. Hechos 11:16; 1Corintios 12; Efesios 4:11-16.

8. LA SANIDAD DIVINA: Creemos en la sanidad divina, sanidad del alma y sanidad del cuerpo, y ésta se recibe por fe con base en el sacrificio expiatorio de Cristo. Mt. 14:14.

9. LA IGLESIA: Creemos que la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, está compuesta por cada creyente nacido del Espíritu cuyo nombre está escrito en el libro de la vida y su propósito es adorar a Dios, evangelizar al mundo, edificar a los fieles y llevar a cabo la obra social. En un sentido amplio todo creyente es un ministro, llamado para servir, testificar, interceder y contribuir, aunque también han sido provistos un llamamiento específico y un servicio escrituralmente ordenado por Dios para los ministros de la Palabra. Los dones y los Ministerios fueron entregados a los hijos de Dios para este propósito. Creemos que aún siguen presentes, como en la época de la iglesia primitiva, los dones espirituales y los cinco ministerios; Apóstoles, Profetas, Evangelista, Pastores, y Maestros según Efesios. 2:20-21; 4:11-16

10. LA MAYORDOMÍA FINANCIERA: Creemos que la mayordomía financiera es deber y privilegio de todos los cristianos, que como fieles mayordomos de Cristo contribuyen al sostenimiento y extensión de la obra con sus ofrendas, primicias y diezmos. 1 Cr. 29:14.

11. EL ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA: Creemos que el arrebatamiento de la Iglesia ocurrirá cuando Jesucristo regrese por los suyos, en este momento los que hayan muerto siendo salvos serán resucitados primero y trasladados junto con aquellos creyentes que se encuentren vivos, para estar con el Señor por la eternidad. Este acontecimiento puede ocurrir en cualquier momento y será antes de la gran tribulación. 1 Filipenses. 4:16-17.

12. LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO Y EL REINO MILENIAL: Creemos que la segunda venida de Cristo en gloria será cuando el Señor regrese con sus santos a la tierra para establecer su reinado físico y visible por mil años. Este reino milenial traerá paz universal y el cumplimiento de las promesas hechas a Israel en el Antiguo Testamento. Mt. 24:30.

13. EL JUICIO FINAL DE LOS INCRÉDULOS: Creemos que el juicio final será para todos los impíos que rehusaron aceptar a Jesucristo. Ellos, junto con Satanás y los ángeles caídos, serán arrojados al lago de fuego donde estarán por la eternidad. Ap. 20:12.

14. LOS CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA: Creemos que habrá cielos nuevos y tierra nueva, donde morará la justicia. Allí vivirán todos los santos por la eternidad. 2 P. 3:13.

15. EL BAUTISMO EN AGUA: Creemos en el bautismo en agua por inmersión, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es un sacramento para la Iglesia, un testimonio público de la fe del creyente que ha aceptado a Jesús como su Salvador. Mt. 28:19.

16. LA SANTA CENA DEL SEÑOR: Creemos que la santa cena es también un sacramento para la Iglesia, del que participan los miembros de la congregación que ya fueron bautizados en agua, como un símbolo de nuestra unión con Cristo, un recordatorio de su sufrimiento y muerte y un anuncio de su inminente retorno. Lc. 22:19- 20.

17. LA DESAPROBACIÓN DE DOCTRINAS ERRÓNEAS: Creemos que la desaprobación de doctrinas erróneas es necesaria para evitar confusiones y herejías, preservando la sana doctrina y la unidad del cuerpo de Cristo. 1 Ti. 4:16.

ACLARACIONES

Para quienes desean aclaraciones o mayores detalles de cada una de nuestras 17 doctrinas por favor escriba al Dr. Héctor Salinas.
hectorsali@yahoo.es

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¿Continuismo o cesacionismo?

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. El continuismo del movimiento pentecostal es bíblico y millones de cristianos sostienen este aspecto de la teología bíblica.

Nadie puede encerrar o atar al Espíritu Santo. Nadie puede impedirle hacer Su voluntad o detener Su obra, pues es Él quien continúa «repartiendo a cada uno sus dones como él quiere.» (1 Corintios 12:11, BLP).

Sin embargo, esto es lo que muchos teólogos de línea reformada o calvinistas, quienes se identifican a sí mismos como cesacionistas (es decir, que niegan la continuidad de los dones espirituales y su vigencia para nuestra época) pretenden hacer. Ellos afirman que, al sostener dicha postura, buscan proteger las doctrinas de la suficiencia y la finalización de la Escritura. Sin embargo, esta es una excusa. Hay motivos siniestros detrás de esta doctrina, como su incredulidad y el temor de que esta incredulidad sea expuesta si se aventuran. Lejos de admitir su error teológico, los cesacionistas prefieren crucificar a Cristo con sus plumas, sólo para callarle, antes que admitir que luchan con la incredulidad. La incredulidad persistente de muchos calvinistas y otros sectores del protestantismo no les permite ver que la continuación de las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu no compromete la suficiencia y la finalización de la Escritura. Pero en su intento por desprestigiar al pentecostalismo, los cesacionistas afrentan a Dios y niegan la veracidad de la Biblia, libro que pretenden defender. Si de verdad creyeran en la Biblia, lo cesacionistas tendrían que admitir la continuidad de los dones del Espíritu para nuestra época al igual que los pentecostales.

LA BIBLIA ENSEÑA EL CONTINUISMO

Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado.

El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración?

También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento.

Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

ARGUMENTOS VIEJOS Y GASTADOS

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

LOS DONES SIGUEN VIGENTES

Señores cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo, viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? ¡Hipócritas! Pretenden que lo tienen redefiniéndolo.

Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. El continuismo del movimiento pentecostal es bíblico y no pretendemos disculparnos por ello. Señores cesacionistas ¡Ya basta de tanta hipocresía y espíritu fariseo y anticristiano hacia sus hermanos en la fe! ¡A paz nos ha llamado el Señor!